miércoles, 29 de septiembre de 2010

No estoy en contra, pero necesito una explicacion convincente.

Sin ningún animo de polémica. Solo trató de sustentar y argumentar un convencimiento. Posiblemente desconozca muchas de las realidades, y esa es precisamente la razon de este comentario.

Hace bastante tiempo, trabajé para una empresa de alimentación infantil. Por un error cometido, tres contenedores de 33 pies, quedaron inutilizados ya que los destinatarios no podían ingenir uno de los principios alimenticios con los que estaban compuestos. Personalmente, me ocupé de establecer una serie de reuniones con Cruz Roja Española, con el fin de ofrecer esos mismos contenedores a la ONG, para que los hicieran llegar a niños de paises donde sí podian ingerir esos principios alimenticios. Por supuesto completamente gratuitos. Tras muchos dias de conversaciones, llegué a una conclusión y consecuentemente realicé una pregunta directa. ¿Estan dispuestos a hacerse cargo de esta donacion alimenticia? Contestaron: Si, pero no. Sí nos hacemos cargo, pero tendrán que pagar su envio hasta el otro lado del atlantico. Resultado. Mi empresa se molestó por mi mala gestion, dado que regalaba el producto, y la ONG le exigia pagar su envio. Decision. No se cedieron los productos, fueron utilizados en otros menesteres. Otra consecuencia, dejé de creer no solo en esa ONG, sino en el resto de las cientos que pululan en nuestro pais.

De acuerdo, alguien tiene que hacer algo para aquellos que lo necesitan. Lo entiendo, lo comprendo, pero me pregunto: ¿Si las ONG se mueven, y las mueven gentes, esas gentes necesitan vivir? ¿Lo hacen del aire? ¿Cobrarán un salario, vamos digo yo?

Por otro lado sigo preguntandome, los gobiernos que representan a Estados, tienen ciertas obligaciones contraidas con el tercer mundo, con gentes necesitadas. Utilizan mis impuestos y las de mis conciudadanos para desviar un porcentaje del presupuesto nacional, para esos menesteres. Entonces, si está regulado, la existencia de tales ONG'S solo ayudan a desencantar a la gente, a que los Estados hagan dejación de las obligaciones contraidas para con los debiles y necesitados. Cuantas mas ONG existan, menos acciones tomará el Estado.

En un estudio realizado en Norteamerica hace tiempo, y que ahora no puedo aportar, carezco de él, debi perderlo. Se decía que de 100 $ recibidos, llegaban solo 10$ a la gente necesitada. En el camino se perdían 90$. Sueldos de los encargados, responsables etc., gastos de transporte, e infinidad de apartados detallados.

Por eso cuando el otro dia al salir del metro en la estacion de Plaza de Castilla, en Madrid,  volví a pensar en las ONG'S, cuando en el corto espacio de cien metros, encontré a mas de quince personas haciendo proselitismo, intentando convencer a los viandantes, de su necesidad de firmar una aportacion mensual para ayuda a la ONG que representaban y señalaban con la oportuna tarjeta sujeta muy cerca del corazón. 

Me pregunto si dados los problemas de trabajo actuales, esos jovenes realizan la captación por amor al arte, o reciben una contraprestación por el numero de firmas conseguidas. De nuevo recordé la historia sobre la Cruz Roja Española, y aun mas.

Considero perfecto que esta ONG realice trabajos en paises y momentos de guerras, inundaciones, hecatombres de todo tipo. Para eso nació hace años. Un ente independiente, sin afinidad politica ni religiosa alguna. Estoy completamente de acuerdo y ya añado mi parte alicuota cada año. Pero sigo preguntandome. ¿Es necesaria su presencia cada domingo en los campos de futbol del pais? ¿es preciso que si un jugador es lesioando por otro, salgan los uniformados de la Cruz Roja para retirarle de la cancha, como dirian mis amigos argentinos? ¿No deberían dejar ese esfuerzo guardado para cuando haga falta?, precisamente a los jugadores de futbol, y aun mas, los de primerva division, que desde luego no estan necesitados de la Cruz Roja, para nada. Tienen unos clubes poderosos economicamente y cuentan con equipos medicos preparados. ¿ No son ganas de desencantar a la gente? Yo pediría en caso de insistir en ir a los partidos de futbol, lo hicieran en campos de divisiones inferiores, donde los equipos de que disponen si serían necesarios en caso de accidentes.

Pero claro, todo esto es solo mi opinión personal.

(c) Anxo do Rego. Septiembre 2010.


lunes, 20 de septiembre de 2010

Otra primavera sin ti.

De cuando en cuando, y dada la ausencia de una persona muy especial, me gusta pasear por el parque de El Retiro de Madrid, recorrer los paseos de tierra surgidos después de tanto pasar el tiempo. Normalmente en primavera suelo recorrer decidido, el camino que desde la entrada principal me lleva hasta el árbol del amor. Es un árbol muy particular. Tiene muchas ramas, la mayoría pequeñas, sin embargo, en el centro, aparecen destacadas del tronco, dos de gran tamaño, fuertes, robustas, engarzadas como dos cabos de soga conformando una esplendorosa y única rama cubierta de hojas y flores. Cada primavera vuelvo a recordar la historia que un buen día me contaron sobre él. Es la que sigue.

Hace mucho, mucho tiempo, en una época lejana repleta de Dioses, cuenta la leyenda, que algunos de ellos, inquietos y cansados de manipular a los humanos, desconociendo la fidelidad y el amor, decidieron bajar a la tierra y comprobar de cerca los sentimientos de esos seres tan frágiles. Se hicieron anunciar a una pareja, un hombre y una mujer. Ambos malvivían en una casa construida en la divisoria de un bosque con la aldea más cercana.

Con esfuerzo, mantenían un pequeño huerto y algunos animales domésticos que les proporcionaban sustento. En un rincón de la casa mantenían encendido fuego de leña, recién cortada, que desprendía infinitos aromas reconfortándolos y dando calor al hogar de aquel matrimonio.

Temerosos del anuncio hecho por los dioses, se prepararon para recibirlos. Durante horas primero y días después, se mantuvieron en vigilia esperando su llegada. Sin embargo no aparecieron. Comenzaron a temer y creer que tal vez estuvieran descontentos con ellos, últimamente no les habían ofrecido más sacrificio que el esfuerzo y trabajo diario, y sobre todo profesarse un profundo mutuo e indescriptible amor, acrecentado cada día. Era tan grande como los árboles, fortalecido cada día, sin dejar de crecer.

No obstante cada jornada de espera, preparaban sus mejores viandas por si los dioses aparecían. La esposa pedía al marido retirar del huerto los mejores vegetales, sacrificar el mejor pollo, cordero o conejo, después de llenar el cesto de verdes manzanas y rojas frutas del bosque. Ella mientras tanto y hasta preparar la comida, repasaba una y otra vez la limpieza del dormitorio y resto de la vivienda, deseaba estuviera presentable para ellos.

Pasó el tiempo y los dioses no aparecían. Cada día la comida se echaba a perder tras enfriarse. Tanto las camas como la mesa dispuestas, jamás fueron utilizadas por los dioses. Por esa causa su pobreza iba en aumento. Un buen día los dioses repararon en el incumplido anuncio a los humanos, advirtiendo la afrenta hecha al no aparecer. Decidieron en ese preciso instante bajar a la Tierra y pedirles disculpas.

Frente a ellos, los humanos escucharon el tono divino de sus palabras.

               Visto el error cometido, estamos dispuestos a concederos cualquier cosa que nos                       pidáis.

La mujer no atreviéndose a levantar la mirada del suelo, tomó la mano de su marido y apretándola con fuerza le instó a responderles.

                 Verán - dijo él -  somos pobres, no tenemos hijos ni familia, solo nos tenemos el uno al              otro, desde que nos conocimos, nos mantuvimos juntos, jamás nos hemos separado.                    Por ello solo pedimos que cuando decidan la hora en que debamos morir, mi esposa y                yo desearíamos fuera en el mismo instante, de esa manera descansaremos juntos para                siempre, y seguiremos amándonos en el otro mundo.
               Concedido  -dijeron los Dioses antes de retirarse.

Los años pasaron y un buen día a la misma hora, minuto y segundo, el matrimonio sentado frente al fuego y cogidos de la mano murió abandonando este mundo. Gentes de la cercana aldea procedieron a enterrarlos magnificándoles con una lápida y una inscripción recordando el profundo amor que ambos se ofrecieron durante el tiempo que vivieron juntos.

Sigue contando la leyenda, que de la tumba de ambos humanos nació un árbol. Durante años le salieron ramas. Sin embargo dos de ellas, las mas frondosas fueron entrelazándose hasta formar solo una, dando hojas y flores de indescriptible perfume. El resto de ramas y árboles cercanos se vuelven para mirarlas con envidia.

Aun hoy en el parque de El Retiro, los turistas buscan afanosamente el árbol del amor eterno, como le llaman, aquel que recuerda a la pareja de humanos a quienes los dioses concedieron el favor de morir juntos solo porque se amaban. Yo lo visito cada primavera y confirmo que cada año lo encuentro mas hermoso.  Durante los últimos, lo visité sin su compañía, aunque no cejo en mi empeño de volver cada primavera y mirar a uno y otro lado esperando, convencido que esta ocasión será la última y la próxima volveré a visitarlo con mi mano fundida con la suya. 


(c) Anxo do Rego.- Septiembre 2010

viernes, 17 de septiembre de 2010

Me encanta cuando llueve en Madrid.

Es cierto, ¡Me encanta Madrid! y su gente, sobre todo cuando llueve. En esos momentos todo se convierte en un inmenso atasco. Mis conciudadanos, la gran mayoría, se dejan llevar por los nervios, se contagian de aquellos que conducen sus vehículos particulares, que gesticulan o lanzar frases que sin duda, no ayudan a moverlos, pero descargan el mal humor provocado por la tardanza en esperar el cambio del semáforo.

Las aglomeraciones en las paradas de los buses y los atascos monumentales, son fruto de horas, como los colapsos en ciertas zonas. Y luego en realidad, no es nada, solo cuatro gotas que tal vez producen una sensación o deseos de quedarse en casa, posiblemente al lado de esa persona a quien amas, para disfrutar de unos instantes inolvidables. Quizás para terminar algo iniciado. O llorar por algo imposible de cumplir. Miríadas de casos individuales, llenos de deseos, decepciones o logros. Todos nos vemos inmersos en esa vorágine que supone salir de casa y meternos en las calles de Madrid un día de lluvia.

Cuando se provoca tal situación me convierto en un viajero del suburbano, único medio que permite desplazarse sin asumir los trastornos existentes en la superficie. De esa forma tengo más tiempo para observar a la gente mientras llego a mi destino. Precisamente muchos de mis personajes han nacido de observaciones sobre viajeros. Hoy quiero comentaros a uno de ellos.

Se sentó a mi lado en un banco del andén, esperando a que el convoy llegara. Es un hombre, lleva una camisa de pequeños cuadros azules de mangas largas, y dado el frescor del día, lo agradecerán sus brazos. Mira varias veces el mural del tiempo que resta por llegar el convoy, parece tener prisa, y mientras tanto, cruza las piernas y rehace la lazada de las trencillas de sus zapatos marrones, lustrosos y con una puntera alejada de la moda actual. Lleva un pantalón gris marengo. Se mueve repetidas veces y siempre dirige su mirada hacia arriba, esperando el dato de cuando llegará el siguiente convoy. Cuando el tren llega, veo que avanza hasta la puerta con dificultad, su pierna izquierda no se acompasa con la derecha, el ritmo es distinto.

Entramos en uno de los vagones. El se sitúa cerca de una puerta, posiblemente salga pronto, yo en el lado opuesto, cercano a él, no quiero dejar de observarle. Tiene una sonrisa fresca, y sin embargo sus ojos denotan tristeza. Un gesto le acompaña, lo traduzco por constancia, rigor y fuerza. Pero no puedo dejar de comprobar una y otra vez su mirada. No me he confundido, es triste, aunque sus ojos reclaman vivir.

Ha llegado a su estación, y con el brazo izquierdo, trata de levantar la manija que abrirá la puerta. Le cuesta elevar el brazo, sin embargo tras varios intentos, lo consigue. Algo extraño me parece observar, y creo acertar cuando le veo caminar hacia las escaleras.

Lamento haberle observado todo este tiempo, pues sin duda sus gestos y mirada me dicen que debió sufrir un ictus dañándole el lado izquierdo. Me siento mal, pero ya es tarde, ha desparecido del andén, de mi vista y me habría gustado dedicarle unas palabras de ánimo. No tengo más remedio que decírselas en silencio aunque no pueda escucharme, ¡Animo amigo!

Ahora el silencio es vuestro.

© Anxo do Rego. Septiembre 2010

miércoles, 15 de septiembre de 2010

El Psicoanalista

.... por John Katzenbach. Como soy amante de la Novela Negra, para escribir, alguien me dijo hace tiempo, que como todo en la vida debo nutrirme leyendo al resto de autores, ya que siempre aportan a tus ideas, otras que bien descubres, o simplemente las retocas. El libro, regalo de mi hijo Victor, pese a ser demasiado denso, llena de elucubraciones y disquisiciones sobre las mentes de los protagonistas en terminos psicológicos. La narración es muy buena y huelga decir que interesantisima.Es magnifica en su desarrollo y estructuración.

Cuando se acaba de leer debe darse un profundo suspiro.


lunes, 13 de septiembre de 2010

El libro de los nombres

por Jill Gregory y Karen Tintori. Bien escrita, ligera, sin muchas pretensiones linguisticas que se agradece, posiblemente gracias a la traducción. Tal vez algo corta y condensada, y es posible que podria haberse ampliado con algunos detalles, fundamentalmente el desarrollo final.

Buena e intrigante. Se basa en una leyenda hebrea.

Pero claro, es mi opinión personal.

(c) Anxo do Rego. Septiembre 2010

sábado, 11 de septiembre de 2010

Nombres

Ayer, cuando caminaba de regreso a mi casa, después de una estupenda jornada de trabajo, y al pasar por una pastelería para comprar unos cruasanes y así cumplir con la costumbre de los desayunos de sábados y domingos, oí a un padre gritar con mas fuerza que entusiasmo un nombre. Gritó varias veces ¡Scarlett!, ¡Scarlett!. Me sorprendió, pues reconozco que no estoy acostumbrado a escuchar ese tipo de nombres en ciudadanos de nuestra nacionalidad. Reclamaba la presencia de su hija.
La verdad, antes los nombres  de   nuestros hijos, sobrinos etc, se parecían mas a Antonio, Pepe, Juanca, Chema, etc. Nombres, por otro lado, que de alguna manera forman parte de nuestra costumbre, bien por las obligatorias reminiscencias del santoral cristiano, o la negativa de algunos curas a bautismar a infantes con nombres alejados de "sus nombres cristianos".

Recuerdo a unos amigos que quisieron dar a su hija el nombre de Libertad, y finalizaron poniéndola Maria Libertad, pero bueno, esa es otra historia.

Quizás por una mal entendida influencia, algunos reductos étnicos de nuestro país, y últimamente inmigrantes llegados de suramerica, suelen llamarse Kevin, Samantha, Johnatan, Vanessa, y  muchos etcéteras mas. Por supuesto respeto la aplicación de nombres a sus hijos aunque desde luego no estoy de acuerdo con ello.

Hoy día se habla mucho de solidaridad, de adaptación a las costumbres de quienes nos visitan y pese a ello, muchos de nuestros conciudadanos dejan,  sin enterarse, que las costumbres de otros desplacen las propias, y eso comienza a preocuparme mas.

Pero lo verdaderamente preocupante es el nombre, ¿que pensarán esos niños cuando sean mayores? ¿que mal han debido hacer para distinguirse con el nombre de Sacarlett? Cuando esa niña entre en su clase y escuche Mari Carmen, Luisa, Celia, Blanca, Marisa y oiga preguntar ¿Ha venido Scartlett a clase, alguna de vosotras la ha visto? se mantendrá callada, o esperará  a tener mayoría de edad para ir corriendo al registro civil y cambiárselo inmediatamente, ademas de preguntar a sus padres si su nombre obedece a una película de la protuberante actriz norteamericana.

Claro que esto es solo mi opinión personal.





viernes, 10 de septiembre de 2010

¿Por que?


Desde hace bastante tiempo vengo observando, fundamentalmente en los programas de noticias, en televisión, y en la totalidad de las emisoras, ahora bastante ampliadas en numero, ciertos comentarios sobre eventos, que me causan un revuelo interior,y una inquietud personal que sobrellevo mal. Y eso que soy una persona que admite  opiniones de los demas, despues de escucharlas con suficiente atención.
Nací en una poblacion cercana a Madrid, que conforma una Comunidad Autonoma, dentro de un Estado, que a su vez pertenece tanto a un continente como a una Union de Estados para ciertos ordenes, la Union Europea. Supongo que como muchos de quienes me lean. Tengo pues vecinos e inquietudes sobre la población donde vivo, la Comunidad a la que pertenezco, el Estado y la Union. Me preocupa, en un orden, aquello que puede suceder cerca de mi, pues forman parte de mis problemas y quizas de las soluciones a estos.

Sin embargo cuando circunstancialmente veo y escucho las noticias en la diferentes emisoras de TV, raro es el dia en que el periodista de turno, lanza una noticia sobre algún hecho acaecido en USA. Un asesinato en tal condado. La paliza de un policia a alguien que lleva a su hija al hospital y rebasa el limite de velocidad. O las inundaciones del Condado x, fuegos, revueltas y un largo etcetera. Y yo me pregunto ¿Es obligatorio dar esas noticias? ¿Son tan importantes como para eclipsar algo ocurrido en Portugal, Francia, Italia o Reino Unido, por ejemplo?. Tengo la impresión de estar supeditados a un servilismo periodistico. Que impresiona mas dar una noticia comprada a una agencia norteamericana, que solicitar otras a cualquier pais de nuestro entorno. Tal vez buscar algo mas cercano, no se, a titulo de ejemplo, si ha ocurrido algo en Jaen, Torrelavega, Cangas de Morrazo, y un largo etcetera de poblaciones.

Sigo preguntando ¿Por que?. ¿que razón hay para no dar noticias de nuestro entorno? ¿Que influencia pueden tener en nuestra vida cotidiana?. Claro que exceptuo aquello que incide politica o economicamente, dada la globalidad de nuestra sociedad. Pero es necesario conocer si se han ahogado cuatro vacas en Texas debido a las inundaciones, o tal vez es mas importante conocer que el trigo para hacer la pasta italiana, este año ha sufrido las inclemencias del tiempo. Sirvan los dos contrapuntos como ejemplo.

Seguir viendo en las emisoras de TV el servilismo al gran hermano norteamericano, es algo que suele irritarme, y claro para no molestar, debo apagar el receptor. ¿Tiene alguien respuesta? ¿Por que?

Es una opinion personal.

(c) Anxo do Rego. Septiembre 2010

jueves, 9 de septiembre de 2010

Pálida como la luna, por Mary Higgins Clark



Una estupenda novela negra, aunque con demasiados personajes, eso si, bien tratados. La intriga y la accion se lleva bastante bien por ser permanente hasta el final. No usa adjetivos para rellenar paginas y los personajes tienen una vida propia interesante. Está escrita en tercera persona, excepto cuando el protagonista principal entra en escena.

Muy muy leible.

Es mi personal comentario sobre esta novela.

(c) Anxo do Rego. Septiembre 2010

martes, 7 de septiembre de 2010

Me gustaría entender de todo

¡Es cierto! Me encantaría entender de cualquier cosa. Cualquier tema que me permitiera hincarle el diente al ser abordado o sacado a colación en una conversación con amigos, compañeros, familiares o intelectuales.

Quiero señalar este deseo pese a estar en contra de cuanto siempre escuché, y perdón por el refrán, Aprendiz de mucho, maestro de nada. Me explicaré. Generalmente soy un pertinaz seguidor de la radio, en realidad de alguna emisora. He comprobado que sentarme y ver la televisión me produce una reacción alérgica y consecuentemente prefiero oír y escuchar.

Normalmente a primera hora de la mañana y ultima del día, cuando a punto estoy de meterme en la cama suelo encenderlo. A veces, la mayoría, pongo el aparato a pilas bajo la almohada y las charlas emitidas se conforman en una especie de susurro parecido a las nanas de cuando era bebé, y claro, suelo quedarme dormido. Pero en ocasiones me aborda una sensación extraña, un inquietante deseo de llamar a los contertulios para preguntarles ¿como es posible saber tanto y de tantos temas a la vez?. Es cierto, no se si lo habréis comprobado, pero hay periodistas que entienden de fútbol, cine, literatura, música, política, física nuclear, pintura, escultura, política, ¡ah! Ya lo he dicho, perdón. En fin, no solo conocen, sino dominan un todo que necesitaría siete u otro vidas.

La observación va mucho más allá. Les da lo mismo cualquier tema abordado por el moderador del programa, ellos tienen respuesta para todo. Están convencidos de crear opinión, la suya, y no solo eso, a veces confunden su personal deseo sobre cualquier aspecto, en un estúpido comentario como: la opinión publica señala que …..

Y con ello creen dar una opinión. Y lo peor, si el tema es político, están convencidos de que el gobernante de turno y su oposición, deberían hacer esto o aquello, es decir lo que él piensa. Me agradaría mucho y también me conciliaría con el mundo, escuchar a alguno de esos periodistas decir: Lo siento pero ese tema no lo conozco y por tanto no puedo opinar.

Me temo que dentro de poco voy a limitar mi tiempo a escuchar únicamente música. Si la televisión adocena y los contertulios de la radio me provocan acidez de estomago, mucho me temo acabaré por situarme en algo así como pertenecer a un reducido numero de habitantes que se limitan a leer, pasear y visitar museos, al menos no se oyen sandeces, perdón, opiniones de quienes se creen los sobrinos de dios.



© Anxo do Rego. Septiembre 2010.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Tres conejos en un parque

Generalmente suelo pasar bastantes horas frente a la pantalla del ordenador. Unas veces por la exigencia de mi trabajo. Fundamentalmente por las tardes, las mañanas salgo a realizar gestiones. Como entendereis, algo debo hacer para ganarme el sustento de cada día, ya que no puedo vivir del cuento. Otras sin embargo, soy yo quien me exijo estar tecleando,  buscando información para documentar y reseñar datos, para después utilizarlos en las novelas que escribo, tras confrontarlos.

Suelo pues salir para ejercitar mis piernas y no ensanchar mas mi cuerpo.

Hay algo que con el tiempo, nos obliga a olvidar que durante nuestra juventud hicimos deporte, y hoy no nos queda mas remedio que recordarlos, dado que algunas piernas ya no están para ejercicios más o menos violentos o simplemente duros. Al menos las mías.

Como consecuencia de ello, además de las horas que diariamente utilizo para realizar gestiones laborales, cada tarde me obligo a caminar de forma ligera y constante, durante más de una hora. De esa forma mi corazón se siente mejor.

En la actualidad vivo en un barrio de Madrid, y como la mayoría de ciudadanos, supeditados a la necesaria contaminación debido al trafico. Sin embargo tengo suerte, dos son los parques que existen y por donde suelo, como os decía antes, pasear.

Estos parques están separados por una avenida de doble circulación. En ambas laderas, cercanas a la calzada, existen unos frondosos matorrales de romero alineados señalando la divisoria de ambos.

Por el que yo paseo, además del romero y algunas plantas y flores de lavanda, existen otras de tomillo, galán de noche, y numerosos árboles cuyos apellidos desconozco. También hay praderas a las que hace muy poco han segado para evitar la posibilidad de incendios.

Lo cierto es, que pasear rodeado de tantas plantas y aromas, aumentan los deseos de caminar.

Quizás por un defecto de mi trabajo como escritor, suelo fijarme en todo cuanto mis ojos reclaman ver. Así, he observado desde hace tiempo, que la mayoría de los gorriones que antes llenaban el cielo, árboles y caminos buscando algo que comer, han ido desapareciendo. Su lugar ha sido ocupado por otras aves, mas grandes y molestas. Desconozco la razón, aunque cuando lo comenté con unos amigos, me dijeron que la razón era la contaminación de la ciudad. Que no solo Madrid se estaba quedando sin ellos.

La verdad, no me gustó escuchar esa razón y ahora cada vez que veo alguno, suelo quedarme quieto para no asustarle para antes de que vuele, pueda fijarlo en mi retira y después en mi cerebro, y así retener su encantadora imagen.

En esas disquisiciones estuve durante las últimas semanas, sin embargo para sorpresa mía, hace escasamente una semana, al recorrer el paseo, vi aparecer un conejo. Me pregunté que haría un animal como aquel en un parque rodeado de viviendas.

Al día siguiente le vi esconderse bajo unos matorrales, y me pregunté si acaso no era algo ocasional. La respuesta la obtuve durante los siguientes días. Apareció el mismo conejo, con el mismo aspecto, sus orejas grandes y rectas, expectantes, y sobre todo asustadizo, pues al moverme salió corriendo para esconderse.

Tardes posteriores me llevaron a observar si aquel conejo volvía a aparecer, y muy a pesar mío no lo hizo. Recorrí la zona por donde le vi días precedentes y advertí en una ladera, un profundo agujero. Parecía que el conejo estaba intentando cambiarse de vivienda, de donde la tuviera se trasladaba, a otra mas alejada del camino por donde los humanos como yo, le incordiábamos. Sonreí y continué paseando.

Al cabo de cuatro días, no solo vi al primero, en esta ocasión fueron dos, posiblemente invitó a su pareja a recorrer el parque en busca de algo tierno que llevarse a la boca. Volví a sonreír, ahora eran dos.

Hubo tardes en que no los vi, otras sin embargo tras permanecer quieto en el lugar donde siempre aparecían, he conseguido verlos.

Por fin, anteayer logré recuperarlos, aunque en esta ocasión eran tres.

Lo he pensado mucho y creo que ante las dificultades que tienen en los campos que rodean a las grandes ciudades, los conejos, tres en este caso, han debido pensar es mejor invadir los parques de la ciudad, pues sin duda están mejor cuidados que los terrenos que ocuparon, ya que las urbanizaciones han destruido su hábitat.

Ahora estoy entusiasmado y durante los últimos días he decidido dejar caer de mis manos, algunas zanahorias muy cerca de donde me los encuentro. Imagino que con ello ayudaré a su proliferación.

Espero que muy pronto la familia aumente, aunque no demasiado, no sea que cuando llegue el invierno vea en el parque a su depredador natural. El lobo.