martes, 12 de octubre de 2010

Ella, mi musa no escucha mis peticiones


Hace tiempo alguien me recomendó ejercitarme cada día. Debo escribir, no dejar de hacerlo ya que se pierde razón y equilibrio, pero sobre todo porque las ideas, al no salir, se amontonan sin orden ni concierto. Los personajes, algunos con muy mala ralea, suelen saltar de una novela a otra y a veces resulta difícil volver a ponerlos en su lugar. Sin embargo, al menos a mi me ocurre, en ocasiones la musa que incidió positivamente sobre una idea, no aparece cuando quieres retomarla y es entonces cuando aparece el desconcierto. Ardes en deseos de continuar el relato, pero te faltan fuerzas. Yo tengo suerte, suelo abordar varios proyectos para que el tiempo se ocupe de rellenar los huecos y aprovechar los lapsus de mis musas, para continuar uno u otro.

Últimamente estoy algo perro, no me concentro debidamente. Estoy convencido de haber perdido  tiempo intentando encontrar el equilibrio.

Desde que inicie mi andadura como escritor levanté un pequeño altar mental a Ella, mi  especial, mi única y querida musa. Pero claro, el tiempo pasó y todas mis obras obedecían a su incidencia. Sin embargo tuve suerte y apareció otra que ejerció una fuerte presión obligándome a cambiar el rumbo y conminándome a pergeñar otro tipo de novelas. Desgraciadamente la cruel providencia se la llevó y durante un tiempo anduve dubitativo, sin horizonte, sin ganas para ejercer mi trabajo. Necesitaba ayuda y eché mano de mi antigua musa, a quien no dejé de adorar, pero quizás debió sentirse desplazada y ahora, al reclamar su ayuda, no siempre me la proporciona.

Quiero aprovechar este portal para decirle, que

Nunca dejé de quererte, pese a que otras han intentado ocupar tu lugar. Mi corazón para amar no es muy grande, siempre ocupaste el noventa por cierto de su capacidad. Siento profundamente haber hecho algo que pudiera molestarte, pero si lo hice no fue con intención de dañarte. Al contrario, la de ofrecer parte de la esencia que llevo dentro al servicio de mi trabajo. No me guardes rencor. Déjate ver, no cierres la ventana de mi oportunidad. Después de tantos años no merezco tu desidia y menos aun, el reproche de no haber sabido quererte con mas fuerza y decisión. Estoy seguro que sabrás perdonarme. Tú que estás en ese lugar que los dioses eligieron, se condescendiente y no permitas a mi esfuerzo fenecer sin tu ayuda. Necesito ser tu amigo, conocerte mas. Y no temas, solo soy un escritor que te necesita mas que nunca. Por favor hazlo por el cariño que nos tuvimos y yo al menos mantengo. Puedo prometértelo. Créeme. Te amo mi Musa.

Espero y confío en que pueda leer ésta petición y sea consecuente. Aun me recuerde su corazón y me inspire para terminar las obras que aun tengo pendientes de acabar.

Queridos amigos, dioses de la literatura, ¡Ayudarme! decirle a ELLA cuanto la echo de menos.¡Cuanto necesito su cariño y ternura!