lunes, 30 de diciembre de 2013

EN EL FONDO DE LA LAGUNA. Primeros párrafos.

EN EL FONDO DE LA LAGUNA.- Novela de intriga policiaca de la Saga ROBERTO HC.




Alpedrete [1]



Dos hombres con una edad cercana a la de jubilación, si es que no la habían superado, permanecían sentados en los salientes de piedra, a la sazón, un banco corrido a lo largo del frontal del edificio de la estación de ferrocarril. Conversaban con el único deseo de soportar mejor la espera tren que debía llevarlos hasta Madrid. Faltaban unos minutos para las 14,50 horas, hora prevista de llegada.

Hace unos años el edificio estuvo a punto de demolerse para construir otro de un tipo mas acorde con la época actual, al menos esa era la intención de RENFE, tal y como hizo con la mayoría de las estaciones con cierta raigambre y calidad de los viejos tiempos. Las de Collado Mediano y Torrelodones sufrieron los efectos de esa mano demoledora. Sin embargo sus dirigentes, ante la presión ejercida por los habitantes de Alpedrete y los amantes del ferrocarril, optaron por modificar algunas partes del interior dejando tal y como puede encontrarse actualmente.

La estación antes fue llamada Mataespesa [2], posteriormente se añadió Alpedrete y por fin solo éste ultimo nombre como único nombre diferenciador de la población.

Tal vez podría estar mejor, pero no hay duda que existen ciudadanos jóvenes y no tanto, que desconociendo el significado de las palabras respeto y cuidado, se comportan como felices vándalos destruyendo la propiedad de la comunidad. Farolas y sus correspondientes bombillas, así como el reloj anunciador de la frecuencia de los trenes, además de las consiguientes muestras, de lo que al parecer, catalogan como la manera de exponer su impronta cultural: Los malditos graffities. O lo que es lo mismo, esas figuras grotescas, absurdas y en ocasiones procaces, que todo lo manchan y nada respetan, asolando cada espacio limpio y virgen. ¡Que perdida de tiempo! Mas ganarían yendo a una escuela de diseño grafico, en vez de pintar las paredes.

Ahora, la estación, mal que bien, se mantiene como antaño, con paredes exteriores de piedra, posiblemente del granito [3] extraído de las canteras de la población, techos y viguería de madera y tejado de pizarra negra. Todo un hallazgo para deleite de quienes visitan Alpedrete aprovechando ese medio de transporte tan eficaz,
como es el ferrocarril.

Dentro de la sala de espera, cuya puerta jamás puede cerrarse debidamente, hay una taquilla para adquirir los billetes, atendida por un entusiasta trabajador de RENFE, amable y cordial que jamás pierde la sonrisa. Persona que no solo ayuda con sus respuestas a quienes desconocen horarios y otras cuestiones, sino que en su calidad de Jefe de Estación, asiste y atiende las salidas de los convoyes.

Una voz femenina se extendió por los altavoces a lo largo de los andenes, señalaba: El tren procedente de Segovia, con destino a Guadalajara, hará entrada por Vía Uno, en breves momentos. Efectuara parada en las siguientes estaciones….. A continuación una relación de nombres, idénticos a los que debían aparecer escritos en el semidestruido reloj de frecuencias.

Uno de los hombres, el cargado con una bolsa y aparejos de pesca, se levantó acercándose al punto donde imaginaba pararía el tren ofreciéndole una de sus puertas. El segundo le acompañó, y ambos, subieron sentándose uno frente al otro. En cuanto el tren se puso en marcha volvieron a la conversación.

— Pues mire usted yo pensaba que Alpedrete, al estar tan cerca de la sierra, tendría algún río, aunque fuera pequeño.




[1] Municipio situado a 45 kms de Madrid, en las estribaciones de la Sierra de Guadarrama. Las crónicas señalan que fueron los árabes quienes se asentaron y fundaron una población a la que denominaron El Pedrete. Otras afirman que su origen se remonta a la época romana, quienes lo nombran como Ad Petrum. Incluso llega a encontrarse un dolmen, resto megalítico vestigio de la cultura neolítica. Alpedrete fue razón de los enfrentamientos habidos entre segovianos y madrileños, dado que el lugar pertenecía a las tierras conquistadas a los árabes por su rey Alfonso VII. Fue siempre motivo de disputas por la riqueza de sus pastos. Solo cuando Alfonso X El Sabio, acoge la población junto a otras (Colmenar Viejo, Manzanares el Real, Guadalix, Navacerrada etc.) y decide llamarlo en adelante El Real de Manzanares, cesan las discrepancias. Mas adelante en época de los Austrias, Alpedrete llega a formar parte de Collado Villalba, bajo la figura de barrio. Sin embargo en 1840 consigue segregarse de la Villa de Collado Villalba y se constituye el 26 de Abril de ese año como Municipio independiente.
[2] Mataespesa era el nombre de una finca, rescatado de un coto o dehesa. Resultado de la unión de varias fincas, parte ubicada en Alpedrete y parte en el término de Collado Mediano. Dicha finca soportaba la servidumbre de paso de la vía férrea.
[3] Piedra berroqueña extraída de las múltiples canteras instaladas en el término de Alpedrete. Fue base económica durante mucho tiempo y aun hoy sigue siendo uno de los materiales básicos en la construcción. Los ciudadanos de Madrid, hoy disfrutan de uno de sus puentes sobre el Manzanares, el Puente de Toledo, realizado con este tipo de piedra extraída de Alpedrete, también utilizadas en las sillerías de numerosos,  importantes y singulares edificios antiguos

Mas información sobre ésta y otras novelas de la Saga en mi WEB

sábado, 28 de diciembre de 2013

DESEOS CULINARIOS. Primeros párrafos.

DESEOS CULINARIOS, es otra novela de intriga policíaca de la Saga ROBERTO HC.



El cuerpo sin vida de aquel joven de cuarenta años, como dijo cuando le vio por primera vez, estaba tendido en la cama y tapado con la sabana. Su cara carecía de mueca o contracción alguna. Parecía dormir apaciblemente. Posiblemente la muerte le llamó en el transcurso de la noche.

Antes, ella esperó a verle bajar de su habitación, como cada mañana, para prepararse el desayuno, pero aquella no lo hizo. A veces se encontraban en la cocina, aunque la mayoría de ocasiones ella desayunaba fuera de aquel cuarto, sentándose en uno de los sofás del salón, con una bandeja de fibra sobre sus rodillas, en la que un tazón de porcelana contenía una mezcla de te con leche condensada acompañándolo con dos cruasanes industriales, posiblemente fabricados con alguna grasa de esas que incrementan los niveles de colesterol. Comprobó la hora, era muy tarde. Se le hacia difícil comprender que aquel hombre no bajara a desayunar, dada su costumbre, además de ser un día laborable. Al cabo de un rato subió la escalera hasta la planta superior y golpeó la puerta. Al no recibir respuesta insistió hasta en tres ocasiones. Igual, el mismo silencio. Por fin se atrevió a mencionar su nombre en voz alta y solicitar permiso para entrar. Giró el pomo y entró en el cuarto. Le zarandeó al cerciorarse de que no respiraba y poco después, sin asustarse, quedó convencida de que aquel hombre jamás volvería a escuchar sus batallitas.

Marie, que había adoptado su nombre francés, después de vivir muchos años en el país vecino como inmigrante, bajó de nuevo a la planta baja, respiró profundamente y se sentó en el sillón de masaje recientemente adquirido, meditando que hacer. Al cabo de media hora, suspiró y regresó junto a su inquilino. Tiró de la sabana para comprobar si estaba o no desnudo y volvió a cubrirle. Permaneció pensando unos segundos y salió de la habitación para regresar poco después con un edredón rojo. Lo puso en el suelo, al lado de la cama, así al caer el cuerpo sobre él, podría arrastrarlo con cierta facilidad.

Volvió a destaparlo y sin pudor alguno, tiró de él con ambas manos hasta llevarlo al borde del colchón. Con el último esfuerzo, el cuerpo sin vida resbaló hasta caer sobre el edredón. Rápidamente le cubrió girándolo como una salchicha, luego recogió de la mesa una cinta de empaquetar marrón y dio varias vueltas hasta anudarlo por encima de la cabeza. Un momento después hizo lo mismo en el extremo opuesto.

Respiró varias veces y al entender que había recuperado fuerzas, abrió la puerta de la habitación y comenzó a tirar del nudo de los pies. Solo necesitaba llegar hasta la escalera, luego resbalaría por los peldaños y haría un último esfuerzo en el garaje. En efecto, tres cuartos de hora después el cuerpo de Ismael Prado se encontraba tendido junto a la parte trasera de un Ford Escort rojo. Retiró una lona que guardaba para ocasiones especiales y cubrió el bulto. Mas tarde retiraría todas y cada una de las cosas privadas de aquel hombre.

Ropa, recuerdos, fotos, documentos bancarios y un amplio etcétera fueron depositados en numerosas cajas. Con ellas llenó los asientos del coche y salió de la urbanización camino del primer punto verde. Recordó que no estaba muy retirado. Una vez allí preguntó al responsable y vigilante.



viernes, 27 de diciembre de 2013

LOS VAGONES DEL MIEDO, primeros párrafos.

Primeros párrafos de la Novela de Intriga policíaca de la serie Roberto HC. 1ª edición impresa.: LOS VAGONES DEL MIEDO.


Generalmente la gente no hace caso de quienes duermen en los vagones del Metro de Madrid. Aquella mujer de mediana edad, aparentaba estar dormida, si no hubiera sido por el hilillo de sangre que desde la comisura de los labios resbalaba por su barbilla hasta caer goteando sobre el pecho, manchando de rojo la blusa blanca. Su cabeza descansaba sobre su propio brazo derecho, reposado sobre el lateral del asiento de un vagón de Metro de la Línea 4.

- Si señor, subí en la estación de Diego de León, y no vi nada en particular. Esa pobre mujer parecía tener sueño, iba dando cabezadas de un lado a otro.
- Pero…— ¿no observó algo fuera de lo corriente?
- No señor, lo que le he dicho, daba cabezadas.
-¿Observó quien se sentó a su lado?
-No señor, yo solo levantaba la vista del “Hola”, para ver si se quedaba libre algún asiento para poder seguir leyendo más cómodamente.
- ¿Entonces, cuando se dio cuenta de que la señora no estaba bien?
- ¡Caray ¡ pues cuando me senté a su lado y me fijé en la mancha de sangre de su pecho.
- Antes de sentarse usted¿de verdad que no vió a nadie a su lado?
- Lo siento, pero no puedo decirle más. Bastante susto llevo encima.

Un agente de policía municipal, ayudado por dos miembros de seguridad del Metro de Madrid, tomó nota de los nombres y dirección de cuantos viajeros retuvieron hasta que avisaron a la Central de Policía. Mientras, otro Agente permanecía cerca de la mujer evitando que nadie se acercara.

El cuerpo de la fallecida, tras el preceptivo levantamiento del cadáver autorizado por el Juez de Guardia, fue llevado al Instituto Anatómico Forense de Madrid para realizar la oportuna autopsia.

La línea 4 del Metro desde Canillas, estación donde se descubrió el cadáver, hasta la de Parque de Santa Maria, permaneció sin servicio por “causas ajenas a Metro de Madrid”, según rezaba la voz femenina metalizada, atonada y repetida una y otra vez a través de los altavoces de todas las estaciones de la Red.
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Entrevista # 3 con Roberto HC. Un personaje de mis novelas

Entrevista # 3 con Roberto HC un personaje de mis novelas

Como ya comenté en las dos anteriores entrevistas publicadas, Roberto HC, además de ser el personaje más atractivo, literariamente hablando, de cuantos he creado, es el único que admite responder mis preguntas. Los otros se encuentran en el limbo de la timidez, y pese al interés mostrado, aún mantienen reticencias a la hora de decidirse y abordar una entrevista.
Mis otras ocupaciones, ajenas a mi labor como escritor, no me dejan, por el momento, tiempo suficiente para abordar más entrevistas. Esta tarde, después de mucha espera, por fin me he sentado frente a la pantalla del ordenador, y rescatado a Roberto de la última novela, en realidad del proceso de investigación que lleva a cabo en estos días, y conseguido estos momentos agradables de charla.
—A:Buenas tardes Roberto.
—R:Hola, Anxo.
—R:Me has pillado comiendo con Celia.
—A:Lo siento, intentaré terminar pronto, y así podrás volver enseguida a tus ocupaciones.
—R:La verdad, no me importa, necesitaba airearme un momento.
—A:Si es así, no te pediré disculpas.
—R:De cualquier forma las acepto como si lo hicieras.
—A:Gracias. ¿Oye, te importa que sigamos anteponiendo nuestras respectivas iniciales?
—R: ¿En honor a tu amigo Iñaki?
—A:No recuerdo haberte dicho su nombre, pero sí, es en su honor.
—R:Adelante. No me importa.
—A:Gracias.
—R: ¿Retomaremos el hilo de la última entrevista?
—A: Como quieras. Pero tenía pensado algo distinto.
—R: ¿Cómo qué?
—A: Me gustaría hacer una reseña general de todos los casos en que te has visto inmerso.
—R: Supongo que tendrás tus razones.
—A: No tengo problema alguno en comentártelas.
—R: No importa, puedes ahorrártelas.
—A: Entonces dejaremos el guion de las entrevistas para más adelante. Dentro de un par de semanas a lo sumo.
—R: No me vendrá mal, ahora mismo tengo un caso muy peliagudo. Precisamente me has rescatado cuando pretendía abordar una conversación con un fin determinado.
—A:¿Puedo saber cuál?
—R: A la comida, que he preparado personalmente, hemos invitado a Esperanza, mi antigua psicóloga criminalista, y su marido, Adolfo.
—A: Así que, con la guapa Esperanza.
—R: Lo dices con algo de sorna.
—A: Hombre, tuviste tus cosas con ella.
—R: Estas confundido. Ella tuvo sus cosas conmigo.
—A: Venga, Roberto, que tu y yo sabemos que te gusta y bastante.
—R: Ciertamente es atractiva, pero por aquel entonces yo tenía pareja y tú mismo me diste la posibilidad de ser infiel y sin embargo no di el paso.
—A: No esperaba menos de ti. No solo debes ser justo y honesto, también aparentarlo.
—R: Son ciertas tus palabras, aunque a veces, también sabemos, que nos dejamos llevar por los momentos vividos.
—A: Preferiría no entrar en esas disquisiciones.
—R: Como digas. Bueno, pues eso, que estaba comiendo con esa pareja y Celia,  cuanto me has rescatado.
—A: ¿Algo que deba conocer?
—R: Si, quiero que me eches una mano. Investigo a un asesino que comienza a preocuparme.
—A: Seguro que es eso. ¿No será que echas de menos tus antiguas actividades en la comisaría?
—R: También mi querido Anxo. Deberías cambiarme de sitio.
—A: ¿Qué propones?
— R: No sé, deja a Carmelo al frente de la agencia y a mi devuélveme a una comisaría. Me sigue gustando más la investigación.
—A: Me lo pensaré.
—R: Te lo agradecería mucho.
—A: Bueno, creo que puedes volver y atender a tus amigos y a Celia.
—R: ¿Puedo irme ya?
—A: Si, agradezco tu tiempo.
—R: Yo también. Avísame cuando quieras.
—A: Lo haré.

Como podéis comprobar, Roberto es un hombre amable, a veces incluso simpático, pero sobre todo muy trabajador y un entusiasta de la investigación de cuestiones criminales.

Nos conocimos hace años. Inicialmente comencé a escribir una serie de relatos cortos. Necesitaba hacerlo. Por aquella época atravesaba un momento difícil en mi vida, y tal vez era la única manera de sustraerme de cuanto me rodeaba y ocupar mi tiempo en algo sustancial.

Cuando acabé y recorrí los renglones con detenimiento, me di cuenta que el nexo de unión era Roberto HC, y fue entonces cuando decidí lanzarme un reto. No abandonarle y nombrarle personaje principal de una posible serie de novelas que pretendía seguir escribiendo.

Inicialmente, y durante los doce primeros casos, se le conocía como inspector Roberto HC, aunque después le ascendí a comisario.
Le hice bregar para ganarse el cargo. Por aquel entonces estaba destinado en una comisaria madrileña investigando homicidios. Sin embargo el comisario José María, le reclamó para hacerse cargo de cuantos casos extraños, fueran o no homicidios.
A medida que avanza la Saga, que decidí titularla con su propio nombre, ROBERTO HC, ésta va preñándose de personajes singulares, que seguramente ya conocéis. Un inspector de homicidios, Ignacio Dobles. El joven agente, propuesto para inspector, que domina la informática, Luis Pinillas y la experta psicóloga criminalista, inquietante, inteligente y guapa, Esperanza Miró.
Si habéis leído las novelas publicadas, sabréis que Roberto HC es un hombre soltero, bon vivant, y algo crápula. Tiene numerosas amigas, entre ellas. Loli, amante, confidente y compañera.
Pero bueno, prefiero dejar ciertos detalles para más adelante, para la siguiente entrevista con Roberto.


© Anxo do Rego. Diciembre 2013

miércoles, 25 de diciembre de 2013

PINCELADAS DE SANGRE

PINCELADAS DE SANGRE. Otro caso mas del comisario Roberto HC.
Un pintor que ha realizado copias de unos cuadros de EL PRADO, aparece muerto en su estudio en extrañas circunstancias.



domingo, 22 de diciembre de 2013

LA PERDIDA DEL TIEMPO

Booktrailer de mi novela LA PERDIDA DEL TIEMPO.

Un caso iniciado por el inspector Ignacio Dobles y dirigido por el comisario ROBERTO HC.

Un intrigante historia. Un desenlace increible.

Disponible en digital ( formato EPUB) descargas en LA PERDIDA DEL TIEMPO

jueves, 19 de diciembre de 2013

Entrevista #2 con ROBERTO HC, un personaje de mis novelas


Tal y como indiqué en la primera entrevista que sostuve con Roberto, ha sido el único de mis personajes que me ha permitido entrevistarle. La semana pasada comentamos, muy superficialmente, sus primeras andanzas como protagonista de la Saga, iniciada con la primera de las novelas bajo el titulo Doce casos en Madrid. Por cierto que está publicada en e-pub, y puede descargarse gratuitamente desde:  La Librería de Anxo

Debo reconocer que estaba algo nervioso, tal vez por ser la primera vez que intentaba hacer algo así. Hoy sin embargo me encuentro más tranquilo, sobre todo porque en esta ocasión, he preparado una batería de preguntas para no olvidar ninguna.

Aprovecho momentos libres del fin de semana, después de liberarme de mis obligaciones, para releer y repasar cuanto estoy escribiendo en ese momento. La verdad, apenas tengo una hora para dedicar a Roberto, pero intentarlo es suficiente. Espero acertar.

Encendí el viejo ordenador y antes de abrir la carpeta donde se supone aguarda Roberto, decidí, como hago la mayoría de las veces, abrir un programa donde reservo la música que más me gusta. Para esta ocasión me pareció oportuno crear un fondo musical con canciones que llaman baladas. Después de escuchar A Blossom Feel, de Diana Krall he pinchado la carpeta, Saga Roberto, y después, tras unos segundos, la de Doce Casos en Madrid. Nos hemos saludado e iniciado la entrevista.

—Hola Roberto ¿Qué tal?
—Bien, Anxo.
—Me gustaría pedirte un favor.
—Claro, el que quieras. Si está de mi mano, claro.
—Verás, tengo un amigo en Vitoria que después de leer la entrevista que realizamos el otro día, ha sugerido debería anteponer la inicial nuestra en cada pregunta o respuesta. Dice que llega un momento en que se pierde. ¿Te importa que ponga R para ti, y A para mí?
—Nada, aunque me parecerá estar en una obra de teatro, en vez de una entrevista.
—A: Lo sé, pero si tenemos en cuenta que cuando se escribe, debe hacerse para que los demás lo entiendan, es la petición de un amigo, y no nos perjudica, no estará demás ponerlo.
—R: De acuerdo.
—A: Empecemos, entonces. ¿Qué tal te fue la cena con Celia?
—R: Bien, fuimos a un restaurante romántico, de estilo francés, a treinta y un kilómetros de Madrid, en dirección norte, por la carretera de Burgos.
—A: ¡No me digas!
—R: Si, me lo recomendó un amigo hace tiempo. Solía ir con frecuencia. Buen vino, buen foie y otros platos y sobre todo, una atención magnifica por parte de camareros y maître. Al final, y con algo de temor, acepté la invitación de una copa de Calvados.
—A: Eres un exquisito.
—R: ¿Si?, en eso creo que si nos parecemos.
—A: Tal vez tengas razón.
—R: Supongo que sí.
—A: Después que hicisteis.
—R: Creo que a eso no voy a responder.
—A: Está bien, disculpa. Ahora me gustaría conocer tu opinión sobre el conjunto de Doce Casos en Madrid.
—R: Ya te comenté el otro día. Me hiciste trabajar bastante y padecer también. Sobre todo en el caso Fantasmas, la verdad, lo pasé mal. Hubo momentos en que temí por mi supervivencia en la novela.
—A: Lo siento pero la idea surgió de repente, y dado que te situaron en la Sección de Asuntos Extraños, el caso era algo así como, el más insólito de todos.
—R: No, si estuvo bien, y también las consecuencias posteriores. Tuve tiempo de intimar con Loli, y pese a que no era esa mi intención, conseguiste que empezara a …… , como te diría…
—A: No continúes, lo imagino.
—R: Ahora, el caso que más estrés me produjo, fue precisamente el ultimo, y debo reconocer que pese a él, conseguí algo importante.
—A: Por favor no lo descubras, tengo amigos que aún no han leído la novela.
—R: Descuida.
—A: El hecho de acabar ese caso y los once anteriores, te dio fuerzas para abordar más casos. Es indudable que te posicionaste bien, me hiciste creer en ti, en tus posibilidades como policía y matices personales.
—R: ¿Tuvieron algo que ver las comidas con esos dos policías amigos tuyos?
—A: En realidad sí. Perdona, pero no sé si lo haces conscientemente, ¿tratas de desviar la línea de mis preguntas?
—R: Ni mucho menos. Recuerdo que en una ocasión, posterior a las cuatro primeras novelas, quisiste ser un autor más exigente, establecer datos más acordes con la labor policial real, y tras algunas dudas, optaste por continuar tu línea inicial. Es decir, no ser tan exquisito a la hora de desarrollar los crímenes ni como los resolvería. Entonces pensé que tus amigos te apartaron de esas puntualizaciones, que sin duda habrían cortado mi trayectoria.
—A: Tienes razón. Estoy cansado de leer autores extranjeros, y también españoles, que detallan con todo rigor los hechos de un asesinato, y ponen al servicio del protagonista de turno, los más avanzados sistemas que permiten la ciencia y tecnología actuales. Sin embargo, personalmente siempre entendí, que lo importante era el entretenimiento, la intriga, la solución del caso, no las técnicas criminalísticas.
—R: No tengo nada que reprocharte, aunque me temo que en ocasiones tengo ciertos matices de un personaje.
—A: ¿De cuál?
—R: El comisario Brunetti, un compañero de Venecia, de tu idolatrada Donna Leon.
—A: Nada de eso. Siento decepcionarte, pero tú apareces mucho antes de que sintiera adoración por la escritora Donna Leon. Ahora he leído todas sus obras, pero entonces ni siquiera conocía su existencia y creatividad. Claro que a partir de ahí, pongo el suficiente cuidado para no ubicarte en situaciones similares.
—R: ¿Estás seguro?
—A: Completamente. Es más, lo curioso fue, que al leer las novelas protagonizadas por Brunetti, parecía ver ciertos reflejos de ti. Era como si hubiéramos coincidido en reflejar situaciones familiares y personales, en uno de los círculos cercanos a la propia investigación que lleváis a cabo en cada caso.
—R: Supongo que dices la verdad.
—A: Desde luego. Bien, discúlpame, pero a partir del caso número doce, apareces como Comisario. Te saltas el tiempo, preparación y escalado dentro del Cuerpo.
—R: Vamos a ver. Estamos hablando de novelas. Tú mismo negaste  establecer similitud con la realidad, quisiste dar un matiz más personal a mis actividades.
—A: Cierto. Me olvidaba que el tiempo en las novelas pasa lento o rápido, tal y como nos apetece a los escritores.
—R: Vale, ya salió la vanidad.
—A: Escucha, se supone que pasa el tiempo, subes y cubres todos los escalones que se necesitan para llegar a la categoría de Comisario. Además necesitaba que tomaras una serie de decisiones y que el grupo, tus compañeros, tuvieran a alguien en quien confiar y demostrar su amistad y afecto.
—R: Vale, te disculpo.
—A: Hombre, muchas gracias. Bien, ahora afrontemos el siguiente caso. Los Vagones del Miedo.
—R: ¿Qué quieres saber?
—A: ¿Cómo te sentiste al actuar como Comisario?
—R: Se supone que llevaba tiempo actuando como tal.
—A: Es cierto, disculpa. Pero hay algo que no llego a entender con claridad.
—R: ¿A qué te refieres?
—A: Tu constante lío con las mujeres.
—R: Creo que nos estamos metiendo en un terreno pantanoso y deberíamos dejarlo para más adelante.
—A: Como prefieras. Entonces……
—R: Es cierto, aparece una mujer que es idéntica a una novia que tuve. Pero en eso tienes tu parte de culpa.
—A: Supongo que me explicarás esto último.
—R: Si, solo tienes que ver la dedicatoria de la novela. Entre otros, que me parece muy bien, señalas a tu hijo, tu madre, tu querida Susa y como más adelante veremos, a Ella. Creo que tienes algo oculto. Como también una constante.
—A: ¿Cuál?
—R: Algo, sea lo que sea, siempre mencionas, equis de color verde. Y mira, coincide con el color que menos me gusta.
—A: Lo siento. Tal vez te lo cuente algún día. Por cierto, deberíamos dejarlo para otro momento. He rebasado el tiempo previsto, y debo preparar algo para mañana lunes. De trabajo me refiero.
—R: ¡Ah! pero ¿trabajas?
—A: Por supuesto, de momento no me das de comer.
—R: ¿Quién yo? No me culpes, tienes más personajes y novelas.
—A: Tu eres a quien tengo más afecto.
—R: Hombre, te lo agradezco.
—A: Bueno Roberto, paramos aquí.
—R: Esta bien, avísame cuando quieras que sigamos.
—A: Lo haré.

Acabo de apagar el ordenador.


© Anxo do Rego. Diciembre 2013


miércoles, 18 de diciembre de 2013

STRABO Un posible mundo futuro.

Es el título de la novela publicada en edicIon digital en EPUB

El planeta ha sufrido cambios sustanciales. Ahora es....

Un mundo donde los arboles, plantas y animales, solo son disfrutados por unos pocos y elegidos adinerados.
Un mundo donde alcanzar el éxito, posición y dinero se convierte es la única filosofía reinante.

Sin embargo, existen otras gentes y otros mundos.

El mañana puede cambiarse hoy.

Pero se necesita algo mas que esfuerzo. Y solo Brigan y Cálder pueden conseguirlo.

 Las Cuatro Ramas, grupo compuesto por druidas celtas,luchan por idéntico propósito que Brigan y Calder, evitar al mundo la hecatombe que se avecina de no poner remedio.


STRABO es una novela contemporánea, ecologista. Refleja los temores a los que nos vemos sometidos cada dia positiva y negativamente. 

Visita mi página oficial

  

MOTIVOS POR LOS QUE VALE LA PENA ESCRIBIR

El Autor de INTEMPERIE, Jesus Carrasco, nos señala cuales son esos motivos.
No dejeis de leer el articulo cuyo link añado.

                                      Pulsar aqui  Motivos


sábado, 14 de diciembre de 2013

Entrevista #1 con ROBERTO HC un personaje de mis novelas

Primera entrevista con ROBERTO HC. Protagonista de la Saga de su mismo nombre.

Con cierta frecuencia  suelo conversar con mis personajes, les pregunto si tienen deseos de vivir otra aventura para iniciar una nueva novela con ellos, o simplemente conocer su estado de ánimo. Si se encuentran solos, optimistas, o por el contrario, están bajo un influjo de tristeza, tozudez o simplemente quieren permanecer inactivos. Y lo hago con el único afán de darles oportunidad y razón para no rebelarse, como me ha ocurrido en más de una ocasión, cuando algunos personajes se negaron a continuar vivos o seguir siendo protagonistas de alguna de mis novelas. Fue razón suficiente para paralizar mi ánimo de seguir escribiendo y no extenderme con más capítulos o imaginar al desenlace final y acabar con él.

Durante los días que preceden al inicio de este post, estuve pendiente de escuchar la respuesta de cada uno de ellos. Algunos no han querido cooperar, otros simplemente han ocultado sus deseos, o sencillamente han declinado la oportunidad. El único que se ha brindado a responder, ha sido Roberto Hernán Carrillo.

Tras acabar su último caso NADANDO EN AGUAS RESIDUALES,  me ha pedido descanso durante una temporada para ocuparse de la mujer a quien ama. No me he negado, no puedo, se lo merece. Pero claro, a cambio le he pedido su colaboración  para responder a la serie de preguntas que formularé en una entrevista.

Entre nosotros, creo que no se si podré reprimir mis deseos de seguir manteniéndole como protagonista en otra de mis novelas, pero he optado por no decírselo.

Me comentó que desea descansar una temporada, ocuparse principalmente de sus actividades profesionales y si más tarde y el tiempo se lo permite, administrar sus amistades, amores y cuanto pueda ocurrírsele. Me preguntó la razón, y solo se me sobrevino responder, pues para complacer a un humilde escritor y darte a conocer a mis amistades, amigos, seguidores y algún lector de tus aventuras. Respondió, acertadamente, que aceptaba y quedaba a mi disposición. Para ello le enseñé y dejé leer, algunos de los apuntes realizados a otro de mis personajes. Exactamente a un hombre enamorado y ahora, jubilado, que mantengo en otro espacio literario, bajo el titulo de Confesiones. Leyó los dos primeros apuntes y le pareció bien, es más, pidió adoptar el mismo tratamiento. Y bueno, en eso estamos.

La primera entrevista la hemos realizado en mi estudio, frente a la pantalla de mi viejo ordenador. Roberto me ha dicho que debería cambiarlo, huele a rancio, antiguo y posiblemente te dará problemas algún día de estos. Le prometí que para Enero del próximo año, trataré de escribir la solicitud a los Reyes Magos, y con algo de suerte puede que disponga de otro ordenador más acorde con el tiempo que vivimos.

—¿Cómo quieres que te llame? – me ha preguntado Roberto.
—No te entiendo. Conoces mi nombre.
—Ya, hasta ahí llego. Quiero decir que quizás te apetezca más, te llame, no sé, escritor, autor, o de cualquier otra manera.
—Mis amigos suelen llamarme Anxo.
—Entonces, ¿me consideras amigo tuyo?
—Bueno, yo diría que algo más, pero si quieres dejémoslo para más adelante. Llámame como te apetezca.
—No, como tú quieras.
—Vale, entonces te llamaré Anxo.
— De acuerdo.
—¿Empezamos?
—Claro. Adelante.
—Bien. ¿De dónde sales? ¿Qué hiciste hasta aparecer en tu primera aventura?
—Eso deberías preguntártelo a ti mismo. Fuiste mi creador. Aparecí en la página 10 de DOCE CASOS EN MADRID.
—Ya, eso lo sé, Roberto. Lo que quería saber, y mis amigos también, es algo de tu situación hasta ese momento. Por aquel entonces eras inspector, te incorporarte de otra comisaría, si no recuerdo mal de una en el centro de Madrid.
—En efecto, estuve allí como subinspector, agregado a la Sección de Homicidios. Estaba prácticamente recién ascendido. Acabe los exámenes y me presenté, quería una de las plazas que salieron como inspector. Deseaba seguir en Homicidios, siempre me gustó ese tipo de investigación. Pero tú mejor que yo, sabes que José María, me reclamó para ocupar……., la verdad, no me apetece hablar mucho de esto, me resultó desagradable dejar a los compañeros después de tanto tiempo trabajando con ellos. Luego estuvieron riéndose de mí, y conmigo, mucho tiempo por el nombre que le dieron a mi Sección.
—¿Te refieres a la Sección de Casos Extraños?
—Vaya nombrecito que le diste.
—Tienes razón, pero debes convenir conmigo, que cuantos llevaste a partir del primero de los casos, Incrédula, fueron todos bastante extraños.
—No, si tienes razón. Pero como te decía, fue motivo de chanza de mis compañeros. Menos mal que no llegaste a reflejarlo. Me hubiera negado a continuar siendo protagonista de tus historias.
—También podría haberte eliminado y dar mayor proyección a tu amigo Ignacio Dobles.
—Hombre, muchas gracias.
—Es cierto, si tú me amenazas, yo puedo hacer como escritor lo que quiera, y si me das mucha guerra, te elimino y ¡hala!, tan contentos.
—Hombre, no me gustaría, después de tantas historias juntos, quisiera seguir a tu lado.
—Vale, no discutamos, pero tampoco te pongas gallito o nos enfrentaremos.
—Bien, bien.
—¿Cómo te encontraste en esos doce primeros casos?
—Relativamente bien. Lo cierto es que me pilló por sorpresa, estaba acostumbrado a otro tipo de actividades. Sabes que no soy persona a quien guste destacar. Trato de considerarme un hombre del montón, así paso más desapercibido.
—Disculpa, pero pensé que eras algo presumido.
—¿Porque lo dices?, por el comentario que te hizo recientemente esa amiga tuya, Chelo, creo que así se llama. Sí, hombre, esa amiga a quien has dedicado mi último caso NADANDO EN AGUAS RESIDUALES.
—En parte sí. Es más, a veces creo que nos confunden, y puedo asegurarte que nada, absolutamente nada, tengo que ver contigo, Roberto.
—Si yo te creo, ya sé que no somos ni parecidos. Sin embargo encuentro de vez en cuando, bueno eso me parece, a algún personaje que no es de mi círculo, sino más bien del tuyo.
—Debes entender que en ocasiones mis propias vivencias, suelen mezclarse con las tuyas, pero solo para establecer una sintonía de realidad, y darle un matiz más creíble dotandolo de momentos vividos por mí.
—¿Entonces algunas cosas son reales? ¿ No son fruto de la ficción?.
—Desde luego.
—Vaya, vaya, con el autor. No sabía yo que hacías trampas.
—No son trampas Roberto, solo apoyo a la ficción recreando algunas vivencias, y así la descriptiva es más creíble. ¿Seguimos?
—Claro.
—¿Es cierto que en aquella época eras un libertino y un crápula?
—Sí. Pero debo confesarte que solo era fruto de mi propio estilo de vida. Los compañeros, la peligrosidad diaria a la que nos enfrentamos los policías. Eso hace que algunos, como yo, descarten la idea de mantener una relación fija. Es algo así, como si fuera a acabarse el mundo e intentaras disfrutar a tope los minutos que te quedan. ¿Quién sabe lo que podrá depararme mañana?. Pero nunca hice daño a ninguna mujer, puedo prometértelo.
—No te lo hubiera permitido.
—Me imagino. Lo que si me gusta es que me mantienes fiel a una marca de whisky y a un tipo de mujer.
—Disculpa Roberto, pero no me gustaría desentrañar totalmente tu vida, ten en cuenta que algunos de tus casos, aún no están publicados, y claro, si hablamos de ciertas cosas, sería tanto como descubrir la intriga que intento ocultar en ellos.
—No comprendo.
—Si hombre. Fundamentalmente son tres las líneas que sigo contigo. A saber, tu protagonismo como policía. Tu vida personal y tus amistades, principalmente Loli.
—¡Ah!, Loli. Tienes razón.
—Tampoco debemos olvidar a tus compañeros y…. compañeras. ¿Olvidas a Esperanza?
—La verdad es que no.
—Volvamos a nuestros primeros doce casos.
—Como quieras.
—¿Cuál de ellos te pareció más importante?
—Todos, son divertidos. Bueno, quiero decir, interesantes. Pero indudablemente el que más impacto me ocasionó fue Fantasmas, si no recuerdo mal, el noveno caso.
—Es cierto a mí también me impactó. Pero fue una historia que tenía muchas ganas de contar.
—La verdad, Anxo, podrías haber dejado esa historia para otra de tus novelas o relatos cortos.
—¿Y tú como sabes que escribo otro tipo de narraciones?
—Pareces tonto. ¿Qué crees hacemos algunos personajes cuando cierras el ordenador? Allí estamos, en el disco duro, en esas carpetas de proyectos, o primeros capítulos que nos diferencian, y a veces, comentamos las aventuras pasando de una novela a otra. La verdad, disfruto bastante. Aunque debo preguntarte algo.
—Adelante.
—¿Quién es Ella? La pones en las dedicatorias de todas tus novelas.
—No voy a responder a eso. Lo siento. Todos los amigos que me leen lo preguntan, pero si son amigos, deberían conocer mi presente, pero sobre todo mi pasado, y entonces la pregunta solo tiene una respuesta.
—Pero, yo desconozco tu pasado. Por eso pregunto directamente.
—Discúlpame, pero como soy el autor, seguiremos con lo importante, y ahora lo eres tú, no yo.
—Está bien, veo que te he molestado. Disculpa.
—No me has molestado.
—Bien, ¿qué más quieres saber?
—¿Aun llevas las marcas en la muñeca que te hicieron en el caso El Siguiente?
—Naturalmente, son imborrables. Que se le va a hacer. Pero, no has vuelto a hablar de ellas.
—De momento no, por eso te pregunto. Cuando estés dispuesto para la siguiente aventura, veré si tengo oportunidad de incluir las marcas.
—Como quieras.
—Oye, te importa que lo dejemos por hoy.
—No, ni mucho menos. Además quiero invitar a cenar a Celia y se está haciendo algo tarde.
— ¡Que suerte tienes!
— ¿A qué te refieres?
— A Celia, pero ya hablaremos de ella más adelante.
—Claro.
—¿Hasta mañana?
—No lo sé, te avisaré.
—¿Cómo?
— Abriré el original del último caso de Doce Casos en Madrid. Lo sabrás.
— De acuerdo.
— Ten cuidado, voy a apagar el ordenador
— Lo tendré.



© Anxo do Rego. Diciembre 2013